Otra vez, movidas irrelevantes ante la crisis

El ministro del Interior, abogado Arnaldo Euclides Giuzzio Benítez, y el comandante de la Policía Nacional, comisario general Luis Ignacio Arias Navarro, recurrieron ayer a una ya conocida estrategia para intentar zafar de los severos cuestionamientos en este nuevo periodo de crisis por la aguda inseguridad que por ejemplo se cobró dos vidas el fin de semana último en San Bernardino.

La maniobra consistió, otra vez, en hacer una rotación de cargos en la cúpula policial.

Por ejemplo, entre los comisarios generales, Carlos Miguel López Russo, quien era director de Policía de Amambay, fue traído como director de Planificación Estratégica, en vez de Víctor Ángel Tandí Vargas.

Este último fue designado como director de Policía de Caaguazú, en sustitución de Daniel Jovino Careaga Giménez.

Careaga es ahora director de Policía de Asunción, en remplazo de Ever Sebastián Caballero Duarte.Y este último asume en Amambay, en el cargo que deja López Russo.

Cresencio Portillo va como director de Policía de Ñeembucuú en lugar de José Javier Sosa Fleitas y este último viene a la dirección de Apoyo Táctico, precisamente en vez de Cresencio Portillo.

Las repentinas movidas fueron ejecutadas por Giuzzio y Arias, presuntamente, tienen como objetivo desviar la atención de la ciudadanía que reclama la destitución de ambos.

De hecho, esta estrategia ya les había resultado hace casi cinco meses, en la anterior crisis de inseguridad, cuando para ganar tiempo y afianzarse cambiaron a toda la cúpula policial, desde el subcomandante para abajo, a quienes de ese modo hicieron pagar los “platos rotos” por una gestión deficiente que persiste hasta ahora.

De hecho, el ministro del Interior ya superó su primer año de gestión sin que cumpliera la primera promesa que hizo al asumir el cargo, que era instalar cámaras de seguridad en las rutas a cambio de suprimir las cuestionadas barreras policiales.

Arias, por su lado, nunca aclaró uno de los tantos escándalos de corrupción que saltaron durante su mandato, como la tragada del dinero del rubro de combustibles, que también lo solucionó con simples rotaciones de los comisarios sospechados.

Lo paradójico es que el mismo Giuzzio admitió que tenían la información de que un grupo de personas de la frontera, provenientes de Pedro Juan Caballero se estaba instalando en San Bernardino, pero nada hizo la Policía al respecto.

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